jueves, 6 de agosto de 2009

Noche tilinga


Yo no digo tus ojos, ni me escapo de los muelles ni me tiro por los balcones. Ya no desayuno con mate ni me pregunto a la que hora que salís del trabajo. No miro al cielo buscando tus iniciales en alguna nube, ni prometo al mar volver al silencio primero de cada mañana.Ya no leo entre paréntesis las noches que nos perdimos, ni murmuro aquel nombre que nadie dice. El nombre prohibido de todas las cosas, el cuaderno casto, y las cartas sonámbulas como derroteros del alma. Invento de vez en cuando las mismas excusas que te hacen volver. Indecible tu figura se aparca en la música que viene del patio de atrás. Apenas el susurro de las calles desiertas, veterinarias, llenas de luces y promesas.Yo no pienso tu sombra ni imagino las veces que tus brazos cargan otros cuerpos. Esos nombres que vagan por ahí. Esas letras que nadie pronuncia. Le encargo a la noche se lleve tu nombre que ya no uso. ¿Podés creer que la tilinga me llamó de nuevo?

miércoles, 5 de agosto de 2009

Diapositivas de un hombre solo


Sonó el despertador demasiado temprano para mi día. Miré un pedazo de cielo a través del ventiluz de la cocina y los colores eran los mismos de ayer. Tuve ese presentimiento, supuse al lavarme los dientes. Pinté de amarillo los grises sonámbulos que quedaron tendidos sobre mi cama todavía. Respondeme eso, dije en voz alta mientras trataba de tapar uno a uno los vacío en esa sala.
Los balcones hacían distintas reverencias y la gente simulaba no verse afectada por el frío dentro suyo. Que raro, no? Tantas veces simulé ser indiferente a las cosas, y ahora es al revés. Tenía los ojos húmedos por las palabras que no llegan, los otoños estaban con vos. Ahí en las montañas perversas y los abrazos raquíticos, en el aroma primero de la arena seca, en los días perdidos que no encuentro.
Cuando uno se separa pasas esas cosas. Los grises y los sombras aumentan por los rincones y la paciencia se teje con finos hilos de cristal de murano. No alcanzan los pañuelos y las habitaciones sobran, y empezar todo de nuevo da fiaca ya.
Yo invento los encuentros cerveceando, el resto es culpa del pasto. Tus preguntas arrolladas y mis regresos inadvertidos, los rincones espantados, los cementerios, las fotos.
Abrazo el aire con la misma sensación de no haber llegado a parte ninguna. Es esto y aquello. Los otros que caminan los muros, y andan con prisa revolviendo la olla.
Yo no me acostumbro a cocinar para uno, a poner la mesa para uno, mirar la tele de a uno. No hay prisas en los baños ni medias sucias por todas partes; no hay quien te espere ni a quien echarle la culpa por no haber lavados los platos. La cocina continúa estática, y las cosas ya no se cambian de lugar. Siempre encuentro todo, y sino las pierdo de vez en cuando para simular esas sensación tibia de los duendes que ya no duermen conmigo.
¡Encima sin espejo yo! Me acomodo el nudo de la corbata que nadie acomoda ni rezonga, y llamo el ascensor para verme en el espejo y enprolijar el cuello de la camisa. Estás lindo, me digo y dejo el ascensor para volver por un último sorbo de café caliente.
Que pena tanto silencio desperdiciado...

domingo, 2 de agosto de 2009

Creencias......

Que mundo farsante, que miradas hipócritas. Que manera de decir tantas estupideces juntas. Ya no sé a dónde ir. No sé a quien creer. Ni para qué lado correr. Qué manera de inventar boludeces, de crear fantasías. Qué manera de engañarnos la vida, la voz, el pulso, y la reputa madre que los pario!
Dónde vamos? Hacia que costados huímos?
Qué es mejor?
Ni idea. Sólo creo que no creo en nadie.

sábado, 1 de agosto de 2009

Quería que lo supieras...


Es cierto, no tengo ni idea de cómo es el amor. Ya no sé si existe, si es una fantasía de mi mente o simplemente una creación fantasmagórica de los poetas. Que raro, porque tantas veces le he escrito que ahora la duda me suena mejor como un ataque de sinceridad.Lo cierto es que de existir, es lo más simple que se haya inventado en la vida. Cuesta verlo así porque por amor se sufre, se llora, se inventan guerras, se mata, se escriben terribles canciones que nos parten a la mitad. El amor sería más bien aquel placer de los dioses, aquella asignatura pendiente, el privilegio primero de la humanidad toda.Hablaba el otro día del tiempo de las esperas, de la soledad, de los regresos, de las idas y venidas. Pero después pensandolo bien, no es justo esto. Esto no es amor. Amar no es esperar a nadie. A ver, esto se pone un poco más denso, y es verdad, el amor sigue siendo tan simple como al principio. Los complejos somos nosotros. Tenemos esa virtud de embarrar todo, de esperar lo que no llega, de llorar por quien no llama, de mirar las fotos de quien no piensa en nosotros. Esto no es amor, insisto. Claro, después llega la decepción… el dolor, el llanto, lo oscuro, el vacío más grande del mundo. La soledad también tiene estos condimentos. Es así, Yo soy solo. Pero soy solo por que así me elijo. Y si amo, ya no amo a quien no vuelve. Amo lo otro, lo que está por venir. Lo desconocido, lo oculto. La sorpresa. Quería que lo supieras nada más. No vaya a ser cosa que todavía pienses que te espero.

martes, 28 de julio de 2009

Ahora....


Nadie muere por amor supongo. Me arremango los ojos mirando el horizonte. Que lejos parece todo… La paz de la tarde me genera y degenera el pulso. Desde la paciencia de mi cocina se escuchan los balcones pasar. Ya ha terminado todo, es cierto. Los julios y los agostos tienen estas cosas. Nada más simple que la soledad de uno. Nada tan cierto como la tranquilidad que me dan los almanaques. Es verdad, voy muriendo diría, pero algo ha generado en mí una pequeña esperanza. No sé, de pronto no está tan mal estar solo. Si, yo soy solo, eso no ha cambiado. Soy desde mí y hacia los demás. Para los otros y por mí. Me gana la idea de salir corriendo a tirarte un beso al pasar, allá donde los letargos son cortos y las calles largas.
En la ventana me sugiero un nombre, una espera que quedará pendiente, una sensación de tenerte desde el contorno del mar. La excusa siempre será esa: no morir de amor, mejor dicho, yo soy esto. Y no aquello o lo otro. Sino todo junto. Los vidrios empañados dibujan también el sudor de los posibles. Capaz que llegas, suspiro…

Qué pelotudo, no?


Me escuché todas las canciones tristes del mundo, veía su nombre escrito por todas partes y era como si cada coincidencia fuera en realidad una “señal” que el destino me daba. Pues les tengo una noticia: el destino no existe.
No dejemos librado al azahar las cosas que nosotros mismos tenemos que resolver. Al fin y al cabo, nos veremos otra vez.
Solo se trata de resistir, de perseverar en la búsqueda de aquello que estamos convencidos existe… Que nadie nos quite la ilusión de sabernos enteros, de pie, parados frente a lo que nos alimenta el alma. Mucha gente siente que tiene el alma vencida, partida en dos, y es muy probable que así sea; pero siempre la vida nos da revancha. Existe esa posibilidad de que todo por fin cambie. Tiene que cambiar. Y va a cambiar siempre y cuando dejemos de hacer las cosas que venimos haciendo.
Como decir adiós? Existe una manera simple de vencer la soledad? No.
La soledad duele. La soledad es vida, es amor. Es eso que te hace sentir uno. Yo mismo, vos. Nosotros en este momento, existiendo por nosotros mismos. No por alguien. No por un nombre. Somos aca, en este momento, aunque nadie nos recuerde, aunque las sombras de agiganten de día, aunque te persigan los fantasmas de alguien que ya no volverá. Será que los solos siempre esperamos lo que no llega?
Eso es la soledad? Tan simple?
Por mi bien, por la salud de mis ojos y mis relojes, espero que la soledad nunca esté atada a alguien. Tal vez a alguno, alguna. Pero nunca a alguien.

miércoles, 22 de julio de 2009

Te dejo las fotos...

Te regalo los mejores recuerdos. Los viajes sin sentido, las solapas de mis libros, las burbujas de la pecera. Te dejo en la mesa de luz un último recado, mi palabras cortas, tu voz ausente. Me llevo aquello que me haga sentirte cerca; al fin y al cabo serás una de las mejores historias que me haya tocado vivir. Con lo bueno y lo malo de cada uno de nosotros, con la promesa de tenerte eternamente en mi retina, en mi corazón carnívoro.
Te regalo también las esquinas andadas, los andamios de donde se nos trepaban los sueños más inconclusos, las promesas más eternas. Para siempre era una palabra muy larga...
Hoy desde este lado de las cosas, te veo feliz con ojos más brillantes del mundo. Y eso me da cierta paz.
Te dejo por las dudas, las preguntas para la noche, un abrazo finito e interminable donde quepan mis oídos para escuchar tus pasos tibios pasando cerca. Las calles ya no son tan tristes, el aire renueva los paiasajes melódicamente, y de uno en uno los eclipses terminan en mi boca.
Me voy porque hicimos demasiado larga esta despedida. Porque las promesas no sirven, y los recuerdos son apenas un condimento pequeño de los regresos que no debemos hacer.
Encontraste la palabra adecuada en el momento preciso "hasta siempre". Ves? te lo dije... es una palabra muy larga y duele apenas el eco de lo que fue para los dos. Ahora "dos" suena como algo práctico, pero no significa compañía. No suman. Dos serán las personas que llenen nuestros huecos. El tuyo y el mío. Dos serán las palabras que me lleven hasta tu nombre. Y de ahí, con la mano erguida, te aleteo el horizonte para despedirme de tus cosas.
Ah, te dejo las fotos también. Tal vez algún día sirvan como excusa para dejar el tiempo atrás....

martes, 21 de julio de 2009

Acerca de las oportunidades...


El chasquido suave de un par de manos que se alzan y abrazan. Así comienzan las cosas luego del vacio primero. Es una sensación apenas suave que el viento remonta. Generar el diálogo de dos espacios, el entendimiento de los amigos, el silencio de los que observan y brindan el cuidado de una caricia. Es pensar lo pasado, y generar una proyección; hablar sin sentido, escuchar sin demora. Aprenderse los acordes de memoria, saberse los errores cometidos, otras oportunidades vendrán. ¿Ves acaso aquella luz que se alza al poniente?
Esa es la vida que aguarda a los caídos, es cierto, el mundo no se detiene en los asaltos al corazón. La aventura comienza en el mismo lugar en que se nos ocurra que las cosas deban suceder. Así de sencilla y práctica es la medida de dejar de lado los temores; lejos habrán quedado los motivos que nos inundaron el pecho, la barriga, los ojos, la esperanza. Y aún así, aquel pasillo, aquel camino, aquella ventana siguen aguardando lo que nunca pensamos alcanzar: la oportunidad de reinventarnos a diario…

domingo, 19 de julio de 2009

Domingos inesperados...


Enfundo mis ojos miopes y cargo los pulmones de aire y gelatina. Afuera de las ventanas, los espejos corren desesperados por la vereda, y una mujer se cuelga de las luces celestes de los autos. El tiempo no habla, sin embargo, dirá lo demás, me aseguran antes de traerme el diario.
Ayer era mejor el destino, digo, más bueno. Ahora me sumerjo de los tempranos y los fracasos de estos cielos. Resulta que me dijeron que me conviene dejar la terapia, y yo dudo de los psicólogos asi que veré.
Y digo veré como quien le tira la culpa al viento de los domingos inoportunos. ¿Otra vez domingo? Pregunto.
Salto los jueves a veces, salto las madrugadas y las noche solo. Pero los domingos no puedo. Es distinto porque el silencio es ácido, dulce y transparente. Hay un vacio en las calles… que no sé. Suena terrible la esperanza, la idea fantástica de tener que comenzarlo todo. De nuevo. Los domingos tienen esas cosas, aseguro, mientras vuelvo a mirar en la primera hoja del diario para confirmar que realmente hoy sea domingo y no, otro mes cualquiera.
Siento un escalofrío punzante que me recorre todo el espinazo hasta llegar al talón de las esperas, ahí donde tengo tatuadas las tardes solipsimas. Tristisimas diría Eugenia.
¿Existe una melancolía más linda que la de esperar los domingos caminando? Pregunto de nuevo sin que nadie me responda.
Acostumbrados mis balcones a esta niebla en los párpados, sujeto los proyectos de todos los días y creo historias que después regalo por ahí.
Digo, yo soy solo, sin embargo los lunes me invento compañías, disimulo las soledades, y todo queda como entonces. Hasta que por fin lleguen los tiempos de revancha. Y ojo con esto, que he dicho revancha y no venganza.
Me tocan el timbre, bienvenida Casandra, no hay nadie. Se habrán equivocado de día o de domingo. Es un callejón de respuestas. Un diálogo de sonidos mudos que me dicen que la noche viene llegando. Por fin llega algo a alguna parte! Murmuro en voz alta. Las paredes a esta altura me miran y no entienden nada. No hay nada que entender, les digo y agachan la cabeza. En realidad tampoco hay para ver; si al fin y al cabo es otro domingo más. Otro domingo inesperado que me sacude la cabeza y me dice que los lunes siempre son mejores. Porque las cosas se ven más complicadas y los proyectos olvidados dejan la derrota como una posibilidad para después.

jueves, 16 de julio de 2009

El amigo impar...

En estos dias abiertos y cerrados. En las cenas de galas, en los almuerzos primeros, en la cerveza y el vino solo. En el humo del cigarrillo arrepintiéndose por los rincones, con las arañas agazapadas en su crucigramas, en sus vueltas carnero, en los idiomas de todos los silencios posibles.
En el abrazo callado, en el piso, sobre la mesa de luz. Allí estaban sus amigos todo el tiempo. Emparejados, iban de dos en dos por cada pueblo, inventando graffitis, brindando con algodones y espirales. Pero también estaba este amigo impar. No eran dos ni cuatro, eran, tres o cinco o siete. Ellos y él. Pasando desapercibido. Digamoslo así, si te vas a comprar un juego de platos, ¿comprás cinco o siete? No.
Definitivamente, los amigos solos siempre son los impares...

miércoles, 15 de julio de 2009

Ahora que el tiempo ha pasado...


Mis pulmones humeantes. Como hijos que se van.
Las mujeres tienen esas cosas,
me digo.
Pito otra fumada y me
Revuelven las letras, las palabras.

El viento viola mi nublada soledad,
Pienso que toda la vida se pasa urgente
El tiempo pelea rápido
Son muchas cosas juntas
No tengo memoria,
no domino mis dedos venosos
ni retengo información

Vuelo.
No estoy.
Digo capaz.
Largas esperas
que atan a mis puños
Argentina
Menos tú

Me agacho por las dudas,
trato de pensar, de estar triste
pero no puedo.
no tengo nadie que pensar.

Yo soy solo.

No pienso.

Digo

Apuesto.

Puta mayúscula,
yo no te pido,
me gano
o te pierdo.

Me voy de limón

yéndome
de todos lados,
por la ventana,
por ejemplo.

La guitarra suena sola.
Sonia.
Medias negras
para zapatos sucios

tranquilo…

¿Tienes fuego?
Pregunto baboso.

Cabras de leche,
Gente pasando sin que nada pase.

De memoria
Sin entender nada.

Sin podérselo escribir.

Le debo todas las excusas posibles
que antes no podía decir, por nube o por idiota.

Y ya no estaba.
Solo un hueco oscuro
Tragamonedas
Traga tiempo.

Desde afuera la ven mejor
Pierde alas
y se arrastra
por toda la madrugada.

No entendía nada.
Cien años han pasado,
Y nada se ha escrito desde entonces.

Sólo números
debajo de la falda.

La vieron fumando mucho.
Niña y ausente.
Con medias negras,
Zapatos verdes.

¿Cómo se escribe eso?

Soy filósofo ahora,
Barbudo y humeante también.
Junto mis manos con
un perro siberiano
que nada tiene que ver

¿Entendés?

Princesa travestida:
antes de morir quiero dejarte un
encargo.

Princesa sin amnesia,
triste nauseabunda
yo no te robé nada,
insisto y dejo pasar a Buda
al baño

Aplaudo sus cachetes,
como una melodía escrita en una piscina

Fracasada
Bajada
Alteza.

Compartimos el colchón desde hace un tiempo.
lo demás no lo recuerda
Por sucederle a él.
Justo a él.
El amante de mi madre
Que peluca secretarias
Parte panes
entre el hambre.

Silabea saliva.
Musicaliza lo que sucede.
Se hace monja en el Tibet,
donde el corazón se guarda.
Casi como inclinándose uva.

Hinchándose los ojos.

Dice que no llega nunca a ninguna parte.
me extraña eso,
por los peces que se suicidan sin
vocación.
Absurda, digo
mientras un camarón me ata las ojotas.
arregla la vida.

Febril, ángel.

Así estoy hace un rato.
Perdido como un quiste,
santoral y maniquí.
Sé que soy uraño,
Coreo y no llego a ninguna parte.
En eso tienen razón,
les soy sincero, tienen razón.

Pero me gusta no llegar a parte ninguna
Donde quieren llegar?
Para qué me hacen esto?

Amargo tus lágrimas,
Las disuelvo en la lluvia,
Macabro tus ojos sin poder ponerle un nombre.
Y no puedo explicarlo,
así estoy
Sediento. Babeante.

Mientras dura una lágrima
que recorre tu cuello.
Ladra pentagramas.

No me acuerdo si vino ella
O qué.
A veces ella tampoco está
y yo no le digo nada.
Está donde quiere,
donde la brisa turra
la deja.

¡Turca!

Y la abrazo.
Como si fuera un aplauso suave
en el medio de un
teatro.

Y ella se va. Conmigo.


Ahora te escribo que el tiempo
ha pasado...

martes, 14 de julio de 2009

Inoportuna noche...


Salí de todos los rincones posibles, dejando de lado las palanganas de mis ojos; desde el cielo sonámbulo a esta hora de la noche ¿Qué hace el sol levantado tan temprano?
Los espejos me miran y se aprovechan de las sombras, donde quedan desamparadas mi figura y la suya. Ya no están. Y que?
Me siento en una pared que da frente a la costa, desde donde la gente se saca el cuero y los ojos y los esparce por ahí, donde el corazón no duela. Y con mis pulmones bien puestos dejé también ese día la canción que el mar cantaba en bata.
Los secretos se reproducen con sus putas, y el vacío es apenas un hoyo ahí abajo ¿Eso era la soledad? Me pregunto al aire y de repente me quedo sin aliento. He perdido otras cosas peores y sin embargo mis ojos no me obedecen, llevo la lengua hasta esos colores naranjas que salen de los vientres de la tierra, de esos perfumes quietos, desde las madrugadas ajenas.
Me voy, perdido en los pañuelos que ya no manchan, en las calles y los universos, en la paciencia que los pisos lloran en hoteles viejos. Ahí estoy. Donde me lamen el ego, donde es mejor una casa llena de oficinas; las golondrinas se desfiguran a palos, no hay primaveras ni vueltas amargas este año.
La hermosura de la cocina me avisa que el agua hirvió. Y qué?
Pasan tantas cosas afuera, tantos olvidos, tantos retrasos. Que la vida a veces suena como un ínfimo detalle que postergamos para luego.

lunes, 13 de julio de 2009

Preguntas....

¿Dónde van a ir a parar todas las promesas quietas del tiempo? Preguntaba él.
¿Acaso el silencio no es también un par de ojos vacios mirando los cielorrasos? Volvió a preguntar.
¿No te das cuenta que las sensaciones de la soledad no hacen otra cosa que dejarte ir? ¿Qué en vez de acercarme te alejan? Preguntó ella.
¿Qué olvido prefieres? ¿Qué muerte sonámbula es mejor que tus pasos siguiendo los caminos rotos e inertes de otros rostros, de otras veredes ajenas, de otro par de brazos y otras espaldas?
¿Quién te dijo que las baldosas son aquellos cielos en tu boca? insistió.
¿Cómo puede el olvido dejar quieto el mar mientras me acuesto sobre tus huellas que suplican volver? Dijo él.
¿Cómo hago para que no te vayas? ¿Quién pudiera convencerte de quedarte un rato? Dijo el hombre de sombrero.
¿La vida es una comedia en constante movimiento? ¿Dónde queda la culpa y la mentira en este juego? Le contestó, mientras ella secaba con un escurridor sus ojos inundados.
¿De qué te ríes? Preguntó ella.
De nada le contestó él, mientras los ojos se le iban cerrando de a uno, y las preguntas se iban callando una a la vez…

domingo, 12 de julio de 2009

Acerca del amor...


Allá donde las promesas se divierten con ruleros, y las esferas de los ojos anónimos nos dicen que la luna hoy no va a llegar. Allá donde caben los antojos del alma, y el presentimiento de los días vacuos es apenas una solapa de tu mejilla. Y donde la noche prematura, nos advierte que puede ser verdad nuestra historia. Que los principes son fábulas quietas que se mutan con el paso de los años, y él no es sincero cuando te asegura que sus tiempos y los tuyos se han divorciando de los puertos y las esperas.
Allá donde los andenes recorren su espalda, como estaciones viejas que se borran con la mano o el aliento. Donde el cielo se marea entre embudos de nubes que se dejan ir. Lo triste de uno y otra es apenas el orgullo humano; es sentarse en la vereda a dejar pasar los días ebrios, a mirar las calles huyendo desesperadas por las esquinas.
Ahí vamos. A aquella primera visita de tus manos hacia otros vientres, rebozando los omóplatos y las bisagras. La canción de cuna que entona el viento como un himno para cuando los dioses regresen hasta mis hombros. Es aquella vuelta invisible donde los regresos son como crímenes pequeños, como abandonos del destino que nadie responde. Es aquel corazón triturado lejos de los abrazos, de las llegadas a tiempo y brillantes manos agitando pañuelos.
Qué complicado es el amor! Asegura esa vieja mientras se cuelga de las luces rojas de los semáforos. Será asi? Pregunta él.
Ambos se van hasta el fin del día, y sacian sus ganas como nunca antes lo hicieron. El amor no es para mí asegura él mientras se revienta la cara contra la pared.
Ella, desde una clavícula, le dice que el amor es eso: es darse la peor de las palizas y seguir viviendo. Hay algo que Dios no ha hecho bien...

sábado, 11 de julio de 2009

Ese instante...


Hoy seré breve porque afuera me espera el mundo. Son apenas las once y me parece que no vas a llegar. Me gustaría que la soledad sea compartida por los dos en la misma medida. Solo que a mi parece afectarme mas de la cuenta. Eso está claro: te he amado. me queda el consuelo de saber que lo mio fue autentico y sincero. El tiempo dirá lo demás. Es preferible que sea de este modo. Así, sin interrogantes ni partidas de ajedres a medio terminar.
Te prefiero ausente y distante... así te tengo cada noche en mis sueños. Y al despertar sos la más dulce persona con la que me siento a ver la vida pasar....

viernes, 10 de julio de 2009

Estar solo...


Estar solo es tener una alegría tan grande, una libertad tan insoportable que se hace difícil compartirla con alguien.
Es despertarse a la madrugada y preguntar la hora, y que nadie responda. Es un cepillo de dientes muerto de esperas, es una sola taza de café, una luna, millones de noches quietas y consecutivas, apoyadas lomo a lomo una contra la otra. Estar solo es divagar por las habitaciones sin que nadie se detenga a preguntarte qué estás haciendo. Es sentarse frente a una ventana apática a ver la gente pasar. Caminar por la costa con un catalogo de abrazos que nadie recibe. Es el viento acariciando cada músculo de la cara, apenas el escalofrío suave de la noche que ya empieza a apoyarse sobre tus hombros.
Estar solo es proyectar de a uno, cama de una plaza, un boleto de colectivo, una entrada para el cine. Sólo una. Yo soy solo, insisto mientras me compro un pasaje hasta mi casa.
Desde mis puertas no hay bienvenidas y eso también es estar solo. Preparar un pollo al verdeo para uno, o a veces ni siquiera comer nada. ¿Para qué sirve cocinarse a uno mismo?
Mejor una rotisería para solos. Una cerveza chica, a veces dos. Una mesa larga y ausente riéndome conmigo mismo mientras veo la tele. Estar solo es la música de los huesos nuestros sin que a nadie le perturbe encender la luz de la cocina a las cuatro de la mañana. Es sentir cada uno de los sonidos noctámbulos donde nadie te abraza cuando has tenido una pesadilla.
Base doble para uno. Wisky doble para uno. Un chocolate dos corazones para uno. Es escuchar ese tema en la radio y no tener a nadie cerca para sacar a bailar, es no saber a quien llamar por teléfono cuando una pena te ahoga, cuando el vacio te ahoga y no hay nadie que te rescate.
Es brindar de a uno. Enamorarse de uno, mantener a veces largas conversaciones con uno mismo, repitiendo otros errores, repasando frente al espejo alguna cara de pavo, por qué no. Es muy fácil saber que la soledad nos consume toda nuestra esencia. Porque al fin y al cabo la soledad es también una libertad exagerada y desproporcionada para este mundo. Es sentirse diminuto y prescindible, caminar las calles y descaminarlas, atar las dos puntas del mar para que en su estómago quepan las lágrimas para un solo nombre. Estar solo es aquella primera mirada del destino, es la vuelta a la calesita, el regreso a los padres, el comienzo de la locura.
Estar solo es la comunión de los silencios, luna que has venido a rescatarme de los inicios de la madrugada, vos me entendés. Es tener siempre un plato en la cena pero poner la mesa para dos. Dormirse con la tele encendida, acariciarse uno mismo la cabeza. Jugar con la compu hasta largas horas, cansarnos acomodando las cosas de la casa, reacomodándolas, y volviéndolas al primer lugar, como un simple pasatiempo. Ver un peli solo (Diario de una Pasión, por ejemplo) y llorar solo.
De eso se trata, de estas cosas que nos perdemos. Conocernos a uno mismo. Yo ya me conozco! diría Julia.
Sin embargo, estar solo deja de ser un padecimiento cuando nos damos cuenta que por ahí, en algún lugar, hay alguien solo que también nos está esperando…..

Voy a hacer de cuenta...

Capaz que no hay nada para entender. Buscamos las respuestas en los lugares menos comunes. Perdemos a las personas a menudo sin darnos cuenta.
Digo, a veces resulta ser así, menos complejo. Tal vez la razón de ser de la noche sea solamente esa: convertirse en una oscura posibilidad de saltar al vacío. Como las verrugas en el mar, sedientas de paz. Como los horizontes, como estómagos planos que se difieren las sábanas para el regreso de los guerreros.
Vivir es esto y aquello. No uno o lo otro. Sino ambos. Vivir significa tener la certeza que el dolor también resulta compañía a veces. Que las oportunidades van y vienen, que es posible barajar y empezar de nuevo. Que vale la pena quedarse quieto hasta la madrugada amasando la memoria.
Que la espera es sólo un estado; algo pasajero. No podemos retener en el tiempo bajo nuestros hombros, menos aún, podemos divertirnos con las sombras de aquellas cosas que ya no tenemos.
Claro que el sentido de pertenencia refiere a la comodidad de las cosas. Yo prefiero hacer de cuenta que todo existe. Que los inventos de la memoria también son necesarios para el misterio de las pascuas en tus ojos. Ahí voy y vengo. Me quedo en tus puertos por si las dudas. Me arremango los pantalones y meto las piernas sobre el agua fría de aquel lago primero. De aquellos lugares que me marean mis días, que revuelven las esperanzas en un patio inmóvil.
Lejos, aún más lejos queda toda mi esencia repugnante. Como un capricho de las flores, como un despertar vacío, sin enmiendas en los ojos, sin bahías, sin explicaciones posibles.
Voy a hacer de cuenta que las cosas pueden cambiar (aunque ya no espere). La espera es solitaria y melancólica. Y ni una ni otra tienden a saciar nuestro ánimo por la poesía. Es como un juego, como una partida de cartas, como una flor simple, un símbolo, una guitarra, un “nos vemos” como quien dice hasta nunca.
Son también esas lágrimas que no comprendo, una película que nunca veo, que no llego al final. Es también darse cuenta, suplicar la compañía, estirar el brazo hasta alcanzar el hueco tibio de alguna palabra.
Ahí nos perdemos, como un pendiente, aquello que no sucede ni se atreve. Voy a hacer de cuenta que nada de esto ha pasado; que el olvido resulta mejor cuando se olvida de a dos. Cuando ya no es espera, ni melancolía ni nostalgia. Es esto. Así, a secas. Sin rótulos. Estar aca, justo en este puto lugar. Mirando la ventana como quien mira un diccionario de nombres, como la sensación de algún suspiro que se apoya en nuestros hombros. Como sentir un escalofrío que llega de parte ninguna y recorre todo mi espinazo.
Ya no hablo de amor como se habrán dado cuenta. Tendrá esto algo que ver con la noche del último sábado?
¿Qué sábado? pregunto. Mientras hago de cuenta que soy invisible, y me meto en tiempo y en tus días. Y te acaricio la frente con un último beso. Con esa sensación de haberlo perdido todo para empezar de nuevo. Aunque esto último no resulte. Aunque vos hagas de cuenta que ya no importa. Que está bien que sea así.
Y también te hacés invisible para que nadie te vea llorar…