sábado, 26 de septiembre de 2009

Porque sí


Hoy por ejemplo tenía las más diversas ganas de llamarte, saber como estás, qué es de tu vida. Se me ocurrió también salir corriendo a buscarte y darte un fuerte abrazo, uno de esos que no son de los finales. Sino que tienen el principio en el sabor instantáneo de los arranques porque sí.Decirte de mi libertad y mis equivocaciones, provocarte un beso y la reacción de tus manos mezcladas con mis ganas de empezar de nuevo. El sueño transitado de cumplir lo que cambiamos, de escribir tu latido en mi soledad, en los ausentes que son tus palabras cuando se oyen desde lejos. Y te imaginaba por un rato pensándome, tratando de buscar la manera de volver a las cosas simples, el abrazo pendiente, tus ojos colgados porque sí.Ya sé que dirás que no hay nada por hacer. Mezclo tus discusiones con el otro, con mis ansias ingratas de quererte para siempre, también porque sí. Bajo hasta la vereda y enciendo un cigarrillo imparcial, lo objetivo se ve distante y prometo saber el sabor de tus pasos transeúntes yendo de un lado haca el otro de la razón.Quizá sea mucho más simple hoy. Tal vez le des rienda suelta a tus ganas de estar de cuerpo entero por fin acá, a un costado del día a día mío y tuyo. Digo, podrías dejarlo y todo y venir a buscarme. Y estar juntos, viejos, jodidos y arrugados. Así, amándonos porque sí.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Elogio al silencio

Ya sé que por ahí éstas no son horas de llamar. Sé también que me hago invisible con tu silencio, como un fantasma de moda que camina pálido los primeros balcones de la ciudad.Todavía siento el gusto ácido del último caramelo de limón que chupé. En mi boca tus ojos son como cicatrices blandas y ásperas; qué curioso, tus manos se escapan ángeles, melodías enfermas que me dicen que los finales son así. Tan parecidos al abandono del cuerpo que ya no tengo, ni adviertes.Desde lo íntimo subo escaleras como cabezas que piso, y me gano los cielos y la gente me ignora pendiente con el sabor en el aire a tabaco rubio donde me refugio para pensarte tal vez caminando las calles de enfrente. Y levanto la vista, y en puntas de pies el asfalto que quema, me subo a los abrazos que dejo y miro por sobre mi hombro la gente que lleva tus caras y tus mismos gestos.Desde la cocina de los ausentes juego con el agua, me rapto un acariciador para esas noches en que tengo ganas de alguien que me diga temprano, bien temprano a la mañana “buenos días” con la simpleza que solo las palabras simples tienen. Con ese tono bajo y dulce tus párpados que sólo yo entiendo y rapto.Y te sigo escribiendo aún, con la consigna de que al fin mes escuches desde este lado de las casas, desde el redondel perfecto de la melancolía que dibujo sobre un vidrio empañado con letras fosforescentes que se ven de todas partes. Y mi frente triste dispuesta a dejarse amar, como asilos deliciosos que intercambian sonidos y preguntas también.Vos crees haberme olvidado y esta vez tal vez sea algo así. Espero desde una península de la costanera ver tus hombros brillar como un único sol humano devoro los contornos de tus ganas de volver que ya no tenés. Tiembla mis ganas de llamarte y no. Imagino un rostro hermoso haciéndome un gesto espléndido de aceptación. Como la otra noche, en el sueño perfecto de los últimos tiempos. Enciendo mi cama como una esperanza, como un puerto donde me siento a descascararte las manos. Todavía siento como se destapan los frascos cunado cocinás. El viento me cuenta el resto. Y sino lo invento.Siento que cada lugar donde vaya ahí estarás. Como una persecución desafinada y enorme como el amor. La fiebre que se escucha cuando te pido permiso para entrar esos recuerdos que llevas como collares pesados. La gente me mira por la calle desconociendo mi desgracia, yo con mi cigarrillo de los olvidos de siempre, suspendido en el aire y la espuma de las nubes dispersas por el cielo que me ahoga.La música allá abajo –pienso- como una ola gigante que arrasa tus manos que no me alcanzan. Vuelvo a mi habitación y tampoco hoy has llamado. Qué raro, porque siempre digo que no te espero. La sala de vez en cuando se siente así de sola. Hoy por ejemplo entro como queriendo quebrar todo este perfume quieto todavía. Tan grande es el silencio que me dan ganas de aplaudir. Aplaudo graciosamente el horror de todas las cosas vacías.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Volver...


Habría huido de sus bocas, de sus ojos azules plácidos, acomodados con los dedos sobre el horizonte primero donde alcanzaba todas las cosas. Esas palabras quietas, habrían sido la melodía diáfana de sus mañanas también. Y habría salido aún de su casa con el café instantáneo todavía en sus labios, esa música astuta que las madrugadas despiertan lo que no puede ser. Y su almohada de primeras veces, llanto contenido, abrazo de los gemelos habría sido inmaculada como sus esperas todavía. El semáforo de color rojo esa vez, mientras esperaba que las cosas cambien, una lluvia tenue (casi como un susurro) sería la compañía estática que se concentra en los nombres que ya no vienen.Hubiera escapado hasta sus montañas, con los ojos bien abiertos despachando preguntas y asombros que ya no importan a nadie más que a él. Y se hubieran muerto de risa o espanto de tan solo verse ahí parados frente al mundo con aquellas costumbres que la rutina gana. Y hubiera preparado la cama, las sábanas bien frías y estiradas casi hasta la perfección posible de no poder entrar sin escribir una arruga sobre esos torsos.Las ventanas serían las mismas de siempre, como también las puertas que llegan y abren los sueños posibles quizá. Llegando siempre a la mesa como una ceremonia de abrazos y muecas, y contarse tal vez lo que a nadie más que a ellos importa.Uno en los balcones deambulando por ahí, generando la gracia de los deseos que pronto vienen, otro más entero, más nuevo, sería el lugar de los permisos, los puertos, las bahías, y luego esta amargura plana.Y pensé, al no llegar, que podría haberse distraído con la música de los que saben que nuestro amor fue posible. O que se habría detenido en aquellos detalles que nos faltan, o con sus ojos bien abiertos hubiera podido irse a buscar sus playas, donde siempre pierdo todas las cosas. Y sabría aquella primera palabra que diría al verme, y ese abrazo inmenso, incalculable que nos daríamos al regresar después de tanto tiempo. Casi me lo sé de memoria a ese instante. Y sobraría esa música empalagosa de las vueltas, y no habría otro sonido que la de nuestros huesos apretados bien fuerte. Nunca se permitieron encontrarse así, francos y despojados de los prejuicios y las miradas de otros que no entenderían nada de lo que vivieron. Llegaría el momento de ponerse al día, de sus sexos fundidos ya sin gemidos, y los pasillos y los techos habría sabido como contener sus manos largas y ansiosas como la primera vez que se tocaron.Habría escrito las palabras mejores cuando su cara de paciencia me escuchaba sin entender nada de lo que le leía. Y me abrazaría para colmar mis ganas de compañía y le ofrecería derrotarnos en la cama (otra vez) y mencionaría al pasar las ganas que tenía de abrazarme, de verme llegar.Yo hubiera esperado todavía, sin entender que otros brazos le ocupan el pecho, y los cabellos dorados me harían acordar seguramente a los veranos que están atrás de la heladera. Y le diría que llego de un mundo raro, que el dolor no me hubiera ganado de todos modos. Le empataría el tiempo perdido hasta que se duerma en mis brazos por fin, y yo le diga que ya todo pasó. Dormiría eternamente hasta que la luna se cicatrice victoriosa.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Del libro de los miserables.


Tenía las contradicciones propias de los años adversos. Lo solos disfrutan la probabilidad de las cosas inciertas. Se levantó temprano como la costumbre de las mañanas se lo permitía, preparó una taza caliente de café instantáneo, leyó los diarios por Internet y dejó que los pies fríos cayeran suaves por el piso. Se rascó la cabeza pensando sus vacíos, miró la ventana y de ahí la calle, y se fue con la vista por los barrios empinados mientras revolvía el azúcar que descansaba en el fondo de sus sorbos.Llega un momento en que se dan cuenta de sus manos vacías, de algunos fracasos, de las posibilidades que se pierden por temor. Digo, y sostengo, que la soledad no es casualidad.Un cigarrillo largo le servía para sostener sus labios secos ya. Pensaba y pensaba como queriendo descifrar los crímenes de los silencios exagerados. Había una foto que le llamaba la atención desde sus puertas y los muros. Sabía que más tarde iría a jugar al bingo a la casa de Valeria. - ¿Dónde puse las pantuflas? le preguntó al perro. Afuera, sonaban las bocinas enloquecidas mientras una quietud raquítica le avisaba que los días se le estaban pasando de largo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

5 breves historias de personas solas


0.-
Ya no recuerdo bien cuando fue exactamente que dejé de esperarte. Creo que fue un jueves. Raro, porque yo generalmente suelo acordarme de todo. No sé... hubiera querido decirte muchas cosas, ahora me conformo con este abrazo de renglones. Hicimos todo lo que no debíamos hacer. Como una vuelta más a la calesita giran las imágenes en la mente hasta que por fin el viento silba bajo una música de adioses.
Era jueves, no? Bah, qué importa ya.

1.-
Había encontrado una pierna chueca detrás de la heladera. Los pasos tienen ésta costumbre de perderse por todas partes.

2.-
¿De qué me estás hablando? me preguntó la pelotuda.Yo le hablaba de amor. Del más inconmensurable amor.

3.-
Decía que estaba solo. Que nadie lo acompañaba. El teléfono se equivocó de lunes y las voces se arreglaban como juntando las dos puntas de la acera.Es cierto, estaba solo. Yo lo ví húmedo parándose en los ventanales viejos. Y como una puerta o el mejor recuerdo, escribió con su encendedor el techo de aquel baño. Escribió un nombre raro. Ahí me dí cuenta que los nombres son violentos como los años que vienen a la carga.

4.-
¡Está bien! lo reconoció. Es cierto que sus dientes podridos no le gustaban, ni sus axilas de cloacas y sus ojos parcos.Sin embargo, daba los besos más dulces que en su vida había probado.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Del libro de los sueños (I)


-1-Le hablé al oído sin pestañas ni manos grises como si fuese única. La tarde se rompía a pedazos recién con el sabor seco de la tierra.Me dijo un abrazo en voz baja, y yo lo tomé como si fuese el último.Y empecé a caminar de nuevo encendiendo las luces naranjas de los semáforos. Los perros seguían el guiño del asfalto hasta perderse detrás de una bicicleta estática.Sin embargo la nostalgia era otra cosa, pensé. Y fue así que quemé mis libros, y derroté las bibliotecas y rompí todos los esquemas posibles para irla a buscar. Ella me miraba desde la calle sin importarle nada. La invité a dormir. No tengo sueño – me dijo. Y yo la dejé para siempre. (No hay nada peor que una mujer sin sueños).

lunes, 7 de septiembre de 2009

Los otros y nosotros


La soledad tiene que ver con Uno. Es decir, partimos de la idea del solo, de estar o sentirnos solos. ¿Decir solos en plural es correcto? Debemos comenzar por definirnos desde la antigua concepción aristotélica de afirmar que el hombre es por naturaleza un animal social. Y entonces, pregunto, ¿cómo podemos afirmar entonces que estar solo está bien?
Es decir, veamos lo siguiente: nacemos y morimos solos, y sin embargo nos pasamos la vida buscando un otro que nos acompañe en la vida. La soledad tendría mejor una significado más subjetivo. Somos solos desde nosotros mismos. Y de hecho, aparte del mundo somos nosotros solos. Nos pertenecemos y nos debemos a nuestros actos propios. Entonces la soledad debería tener que ver más con un estado psicológico, una sensación interior de abandono, de pérdida, de angustia. Existe una contradicción, un choque ideal entre nuestro “querer-ser” que nos deja inválidos en la búsqueda del “ser-con”.
Nosotros somos nosotros, seres independientes y autónomos. Como ya he dicho, somos esto y aquello, y todo junto. Pero me llega un interrogante más primitivo en esto del ser-con. ¿Los solos dejamos de ser? De existir?
O peor aún, por quién existimos? Existimos por nosotros o por los otros? Nos levantamos a la mañana porque existe otro alguien?
De ninguna manera. Somos esto, y la melancolía de la pérdida es un atributo que se vincula con aquella falacia de que “todo pasado fue mejor”. ¿Podemos permitirnos comparar lo vivido aún con aquello que no conocemos? ¿No es el pasado acaso también un término vago?
Digo, si el pasado fue mejor, entonces no tendría sentido seguir viviendo. ¿Con qué grado de expectativa podríamos desayunar los meses que vienen?
El pasado resulta ser un derrota, aquello extraño a nosotros ya. No nos pertenece el llanto llorado, ni los recuerdos de aquello que no tenemos. La angustia, el dolor, la ausencia no es justa con la vida; con los días que faltan, con los veranos que vienen. Dejemos el recuerdo con los recuerdos. Las cosas en el lugar en las que deben estar.
Esto tiene que ver con aquello de ser uno mismo o pertenecer a las manadas, nota a la que los remito. De una cosa estamos seguros: existen otros, por ellos vamos. Pero que la búsqueda de los otros no sea la de otros. Sino la nuestra. Buscarnos y sentirnos. Desde la soledad, del individualismo. Desde nosotros y para los otros; no por los otros.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Desencuentros estupendos


Caminó por la vereda de enfrente de nuevo, con su cara de recién separada y sus muslos duros y sus tetas chicas y acomodadas debajo de la blusa. La gente pasaba igual al lado de ella con el aliento marítimo, ausente, y el ropaje de los meses pasados. La costra en sus ojos no le permitía erguir sus pupilas negras como un breve milagro de los lunes.
Se notaba que todavía esperaba, entretanto, el martirio de los llamados que no llegan; aquellas promesas morosas que la postraban estupenda frente a las puertas de él.
Las hojas lentas de los árboles desfilaban, supongo, por los cordones de las veredas como ese vestido de flores pequeñas que le agrandan el rostro.
Dentro de un ojo estaba el manantial jugoso de la venganza. Sólo era cuestión de horas. Y sus manos como hijos que se pierden en el descaso del tiempo, y las costillas ancianas que soportaban el vaivén de los rizos devueltos.
Blanquísima su silla era la fruta torpe y limpia de los pecados pasados. Allí se desperdiciaba cada mañana frente a mi ventana, con los pies derrotados, y sus rodillas vencidas.
Con sus dedos diminutos partiendo ombligos, y su boca chata hablando ojeras, caminaba los cuerpos sin voces y cansados ya.
Confiada en la mala memoria de la gente, buscó la paz de las bibliotecas, el cemento, la vergüenza, el olvido diáfano de los crímenes del amor.
Sus voz exótica dijo lo que nunca antes se había escuchado. Lo que jamás queremos oír. Se imaginó larva sobre el piso, allí donde el tránsito de las cosas se convierte en rutina.
Sopló fuerte su estómago mientras la sangre quieta y tibia le dejaba en los labios el sabor de las raíces. Su fantasma murió exactamente a las tres menos cuarto de la mañana. Justo cuando él la venía a buscar para dar una vuelta por ahí, con una lágrima azul que se tragó para siempre.

domingo, 30 de agosto de 2009

Cosas de solos...


Que tema este de estar solo eh. Digo, tenemos siempre el tiempo de visitar todos los amigos posibles, caminamos las calles ida y vuelta, dejamos la expectativa abierta de par en par, saltamos del sillón a la cama y vemos todas las pelis posibles. Cuando salimos todos nos miran como raros. Qué tiene de raro un solo? pregunto sin sorpresa. Me tomo un café de madrugada, ausente la noche se preocupa en espiar aquellos que se matan a besos en las partes traseras de los autos transpirados.Yo miro de reojo mi celular para ver si alguien ha escrito. Nada. Movistar me dice de una promo que no quiero aprovechar y tengo tanto miedo de romper esas cadenas de mail que me compro una tarjeta para mensajes que casi nunca mando, y de paso, me hago todos los tests posibles del facebook. Sólo para divertirme, digo. Mentira! Lo hago porque no soporto la idea de la soledad para siempre. Ley de atracción, el secreto, el tarot, las cadenas y de repente empezamos a creer en todas aquellas cosas que antes ni sabíamos existían.Después ya con el alma planchada, mas tranquilos y mirando con la cabeza erguida y los pómulos sanos y las retinas enteras, salimos buscando mundos sin miedos.Hay calles sin embargo que se parecen tanto a otras…Y camino por el lado singular de las cosas, cerveza de por medio, porro despenalizado, esgrimo mis hombros en una lucha frontal de veredas y cielos cayendo desesperados. La acera caliente me dibuja los pasos como puede. Me lastiman aquellos amigos que no me llaman ni visitan. ¿Somos tan aburridos los solos? Monotemáticos. Claro, muy pocos se dan cuentan de lo sensible que se ponen los muros con todo esto de la soledad. No exagero, preocupo los pisos, miro las ventanas y me doy la frente contra las puertas pendientes.y abro la heladera, y se queja mi estómago, y sugiero ir a esa rotisería para solos, y preguntar por el clima. Me invento una compañía cualquiera. Wilson se asoma a mi computadora y me pregunta qué escribo. No sé, pavadas – le respondo mientras pongo la mesa para dos. Y miro de nuevo este celular que no suena. ¿Está prendido? ¿Tiene señal?

miércoles, 26 de agosto de 2009

Malísimo


Le había escrito el último poema de todos los finales. Sus manos tibias todavía sostenían aquel pedazo de papel blanco como quien sostiene la vida entera.
Lo leyó dos veces más.
Es malísimo, me dijo.
Y se fue detrás de un gordo lleno de palabras y nunca más supe de ellos. Volaban en aerolíneas con sus ropas caras, baratas.
Yo le hice otro poema mejor para que no volviera jamás.

martes, 25 de agosto de 2009

Retrato de una mujer sola


La esperanza se estiraba hasta los pórticos, desde las venas hasta el talón de su nostalgia primera. En un balde guardaba apiladas las lágrimas aquellas, está bien pensar que fue solo una ilusión merecida. Amar en ella tenía más que ver con una colección de imágenes que la llevaban devuelta a los lugares conocidos donde él estaba oculto.Un abrazo tibio de sus mapas le hacia recordar los mejores comienzos, la estatua del tiempo, el regocijo blando de los cuerpos semánticos.Adjetivado el destino quedaba estático y primerizo en el resguardo de las fotos, de las rejas impidiéndolo todo. Afuera se arremangaba los ojos y los pantalones y acomodaba sus tetas nivelándolas quietas en el eje de las pestañas crecidas.Un poema de palanca, un cielo descolorido y solo, y los brazos abundantes y esponjosos dormían la siesta en un buzón de trivias.La radio había quedado dando el horóscopo en ese mismo momento, ella se dirigió hacia la puerta con su cintura pidiendo permiso de un lado hacia el otro. Es cierto, el tiempo había pasado y las naranjas se caían en racimos de sillas y canastas. Miró por una rendija de la ventana lo que había dejado de aguardar. Los espejos volvían a refregarle los ácidos en la mirada, y yéndose de boca dijo aquel nombre prohibido. Como un arpa pequeña, las ciudades se incendiaron, y las calles pegaron un último suspiro de gracia.La soledad le caía sobre sus hombros repitiendo nombres y huellas, y llamadas gastadas. y diarios pensantes.Desde el patio trataron de animarle los hombros, y las ansias y los sueños. Era tarde. Creo que como las dos de la mañana. Raros sus dedos se prendieron al picaporte, abriéndole el paso a las sombras como melodías eternas que llegaban desde todas partes.

sábado, 22 de agosto de 2009

Objetos en el espejo retrovisor


Yo no sé si está bien la soledad. Uno no elige los espacios que nos tocan, ni vamos barajando los días como quien juega su última partida póker. Podemos elegir estar bien, o podemos decidir entre uno u otro color de ropa. La revolución de los ojos, las alucinaciones del tiempo, los regresos que no debemos, el manoseo del alma que no permitimos.A veces siento que debería desatarme de todos los nombres posibles y quedarme con uno solo: el mío. Es decir, en una oportunidad me subí a un auto que tenía un aviso muy oportuno en uno de sus espejos: los objetos pueden parecer más cerca de lo que están.Saben? Me quedé pensando esa frase.Y la repetí durante mucho tiempo en mi mente, y me dí cuenta que esa leyenda ciega tenía todavía más utilidad en otros ámbitos de la vida, y más que un aviso para el auto era un aviso para el resto de mis días. “Los objetos en el espejo retrovisor pueden parecer más cerca de lo que están.”Y es cierto esto. A menudo gastamos calendarios enteros mirando por ese pequeño pedazo de espejo lo que ya perdimos y no vuelve. Nuestra visón es sólo ese espejo. Nuestro deseo es sólo ese espejo y lo que ahí se refleja. Viajamos con el suspiro de mantener esas ilusiones ópticas intactas. Y ahora que el tiempo ha pasado y he recorrido un poco más de vida y de rutas y de calles, y he caminado la cultura de los horizontes, y he esculpido las lágrimas de a una, y he anclado la alegría en los recuerdos, y he jodido los regresos donde antes empezaba, y he gastado un tramo de juventud en los sueños pensando, esperando que por ese espejo pase un recuerdo. Y ahora que el tiempo ha pasado, me permito levantar la vista, agrupar mis ojos en línea recta a un mismo punto. He dejado los músculos descansar y he enderezado mi cuello hacia el frente. No había ningún cartel ni aviso en el parabrisas del auto. Pero yo sé que lo mejor está por venir…

martes, 18 de agosto de 2009

Cocina para solos...


A ver si se entiende: yo no quiero un pollo entero! quiero pata y muslo. Me importa un bledo que esté de oferta. Qué hago con un pollo entero para mi solo??? Después termino comiendo lo mismo durante toda la semana. Yo solo quiero pata y muslo.Pero pregunto, digo, al pasar y como quien no quiere la cosa: ¿alguien alguna idea de cómo cocinar para uno solo?Pregunto esto porque todas las recetas son para 4 y 6 porciones. ¿Y los solos? Debemos conformarnos con comer 4 o 6 veces el mismo plato?Antes era distinto porque uno cocinaba para dos, cocinaba para el otro, para agradar. Y ahora? De pronto me encuentro en mi casa comiendo sándwiches de miga, abusando de la rotisería, del lechón rengo y de la negra simona.Me molesta que nadie piense en nosotros, es decir, todo alguna vez estuvimos solos. O nacieron de a dos siempre? NO! claro que no. La soledad es un legado, un bien común, algo en aquello en lo que participamos todos. Indefectiblemente la soledad nos presenta varios obstáculos, pero llegó el momento de decir basta! Yo no quiero esto para mí. No me conformo con la soledad, ni con la rotisería de la esquina.Prefiero algo más. Sé que hay algo más. Por eso compro pata y muslo, y no un pollo entero.Qué estupidez las recetas para 4! Los solos somos uno y punto. Y servimos un solo plato, y una sola copa de vino. Y está bien eso.

domingo, 16 de agosto de 2009

Yo soy: es posible


A ver, hoy es domingo, otra vez sentando acá frente a mi compu diciendo lo que ya todos saben. Ordené algunas de las cosas pendientes y tiré varios papeles que venía dejando para luego. Miré sus fotos de reojo sin dolerme nada. Fue raro todo, desde el comienzo de las preguntas y ya sobre el final, me siento cómodo en el sillón a verme entero sin esperas. Hemos dejado de lado un tiempo y otro tiempo, las cosas siguen un curso, distante de las verdades y las miradas por encima del hombro, he dejado de buscar su rostro entre otros rostros.A los solos nos cuesta todo el doble. Deben darse cuenta que es difícil el tiempo de los comienzos, las partidas se inician un día y nunca se sabe dónde se va a ir todo a parar.Yo por mi parte ya he empezado a despedirme. El final se fue escribiendo solo aunque haya algo que no entienda. Que me falte vivir. Ese capítulo quedará pendiente todavía, ya duele menos el aire y me afeito con ganas y me visto para el mundo, y me arreglo los ojos y los hombros por si acaso.Nunca se sabe con quien me puedo cruzar, acá nomás, a la vuelta de la esquina.

martes, 11 de agosto de 2009

Va a ser largo este mes


Esta noche primera sin abrazos, ni ojos cruzados, ni caricias repentinas ganándome entero. Este agosto primero, desierto de voces conocidas, y llamadas que regresan a la posta de los lugares comunes. Esta brisa de adioses manipulando pañuelos y haciendo que ya nada vuelva a ser igual. Y este muelle en mi pecho que adora tu nombre como una inicial prohibida que ya no tocaré. Esta cama vacía por vez siguiente, por las veces que me arrepiento de no tenerte acá. Este vaso desierto de gemidos, de manos tercas, de frases tontas. Y este aleteo de mis codos que me predicen que todo este mes entero te estaré buscando.La canción que me hace recodarte siempre, los lugares en que te busco, y las lagunas como surcos que van de un lado hacia el otro. Está bien.Y el regreso de las soledades todas, este no sé qué en tu silencio y las olas partidas a mitad de camino. También están bien.Va a ser largo este mes, y el próximo y el siguiente. Va a ser larga la sensación de la vuelta, es que no llega, esa espera interminable que acaba en aquellos hospitales donde te busco constante.Esta acera caliente, esta arena en mis retinas que me hacen llorar las almohadas como pequeños crepúsculos de la edad.Separarse de las cosas que uno retiene significa perderlo todo. Aquel eje plano y liso, aquel faro peninsular, el destierro de las luces de los horizontes queridos, la carta puntual, el aroma conocido. Uno va y viene al ritmo de las cosas, es simple la distancia y terrible la idea de perdernos uno al otro. Ya no nos tenemos ni uno ni otro. Y debemos los vueltos lunares, las orillas que nos aguardan por si las dudas.Queda este aliento matinal de los horizontes como un cursi respeto a aquellos que ya no llaman. Esto es la soledad? pregunta una mujer de sombrero de esquinas.La respuesta queda en suspenso, pendiendo del instante aquel donde todo parecía eterno. Como cambian las cosas, no?Cómo se nos escapa el mundo en un instante

lunes, 10 de agosto de 2009

Ya voy...


Tal vez yo no esté aquí por mucho tiempo. No soy de estos lados, debo reconocer. Afueras las calles me persiguen vacías como pentagramas que nadie aplaude. La soledad tiene también algo de estas cosas. A veces los finales vienen llegando de a poco. No es hoy ni mañana, pero las cosas se terminan de una vez y para siempre. Cuando era chico pensaba que “siempre” era una palabra muy larga, hoy me siento más cercano de estos lados que de aquellos. Y no es uno o lo otro, insisto. Aca los lugares se ven reducidos por pequeñas sombras grises que hablan en voz baja. Tal vez algún despiertes con la sensación de no haber dado todo. Los finales se sienten así, nunca hemos dado lo suficiente por el otro y sin embargo todo pasa. Pasarán los nombres y las calles, y los balcones. Y sólo seré el susurro melancólico de los cementerios que nos despiden.Todos los lugares resultan desiertos esta noche quieta. Me preguntaba tantas cosas, tantas veces. ¿Cómo decirte aquello que siento y guardo? ¿En qué lugar cabe tanta pena? Me hubiese gustado hacer que todo fuera distinto. Planear las semanas prescindiendo de las tardes lluviosas, gastar los zapatos por esos caminos que me convidan tus aromas como un saco de preguntas que quedarán pendientes hoy en día.Sabrás que la soledad es el peor de los castigos, aquella ignorancia, aquella espera paralítica de los que nunca llegan.Estoy cómodo en mí mismo, lejos ya de las manadas que no responden. Qué solo se siente el silencio, y los singulares, y los impares. Pensar que sólo seré una bocanada de aire fresco, de tranquilidad para mis pulmones y los tuyos. Eso me da paz.Alguien sentirá también este espacio que dejo, la promesa fiel de estar presente en las palabras comunes de la gente común. Esos instantes que salteamos, que pasamos de largo. Eso es la felicidad. Como diapositivas, como una esfera que ya es noticia. Y el cielo se posa en la boca del mar como un desfile de músicas solemnes, de himnos que pasan de la ignorancia al dolor. ¿Siempre seremos así de tardantes?Sin prisa, los domingos me han ganado el estómago y vomito un diccionario de nombres que ya no llaman.Acaso el olvido es peor aún que la soledad. Derrotados los semáforos titilan amarillos, yo desde mi ventana veo las cosas más claras. Es verdad, he vivido errante.Las cosas son más simples a veces y la vida es un juego demasiado complejo, diría.Tal vez yo no este aquí para siempre. Para contarles el precio humano de las equivocaciones. Voy por un lado y por el otro, ya reconociendo otros rostros ajenos. Nadie se mira con nadie, en el cemento, en las esquinas, en los barrios. Somos ignorantes por naturaleza; estúpidos, le damos vuelta la cara a las esquinas. Y desaparecemos un poco más todos los días.De ahí, hay quienes ya eligieron dejarnos a un lado. Y esta bien eso. Es bueno dejar las cosas atrás.Relegada la madrugada, busca un último sorbo de noche y yo le prometo las cosas que nunca cumplí. Como un pacto. Esmero mis manos hasta al cielo alcanzándome entero hasta desaparecer finito en un montículo de nada. Lo ves? Todavía hay esperanza en el amor.

Agosto, 9


Enciendo una vela desde mis sillas. El asfalto caliente saltaba en puntas de pie de vereda en vereda. Ahí te esperé como siempre vestido de esquinas, con la solapa de tus nucas regresando muerto de hambre.Las horas han pasado un poco, y mis relojes atrasan las llegadas; desde los puertos todo esto es mejor: los andenes pacíficos vulneran lo inevitable. Ya están en camino los dioses que auguran lo peor, que desatan otras vigilias como pentagramas fucsias que deliran las olas.Es cierto, los pasos blandos de la gente llevándoselo todo son creíbles también. Muerto a los pies de una cama como la mejor pesadilla psicótica de los comienzos. Ya no escribo las paredes de entonces. No espero expectante ver el cielo pasar. He perdido todo rumbo y desde mis rincones me dejo la música como un último deseo que espero cumplir. Una bata blanca le ronda el cuello lunar, la derrota de mis codos, el abuso del alcohol y la marihuana han soportado otro invierno.Ya se siente a los lejos el mar viniendo de a poco, como un jaque, como un ida y vuelta con las manos vencidas y la cadera vacía. He perdido, supongo. El aire me hace sentir una culpa que no tengo y te adoro sentado en una mesa de bar cualquiera. Algún día llegarán los tiempos ricos. ¿Oyen su nombre a lo lejos? Qué feos son tus cumpleaños sin mí...