Yo Soy solo (R), un espacio para los solos. Todos los textos de este blog se encuentran Registrados y los Derechos reservados. El libro de Yo soy solo (R) se encuentran en proceso de edición y los derechos pertenecen al autor. Aquellos que deseen editarlo deberán comunicarse con el Autor.
domingo, 2 de octubre de 2011
martes, 27 de septiembre de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
domingo, 17 de julio de 2011
ELLA ERA SOLA

Le dio mucha bronca saber que ése era el último cigarrillo que le quedaba. Tenía que bajar, abrir el ascensor, saludar al portero que no soporta, encontrar un quiosco abierto, pero primero debía cambiarse, ponerse las zapatillas, cerrar la compu, buscar las llaves, encerrar al perro en el baño, bajar la calefacción, buscar las monedas para el cambio, atarse el pelo, lavarse la cara, acomodar las sábanas, levantarse, juntar ganas. No hizo nada de eso.
Tenía las esperanzas fatigadas, la mente abstracta, paranoide. El día anterior había pensado lo mismo, atravesando la idéntica rutina que repasaba mentalmente.
Era más fácil dejar de fumar. Pero ese último cigarrillo le inspiraba otro final más. Así se terminan y empiezan las cosas. Había una vez… Y el secreto de su soledad empezó por un pucho.
La gente se separa todo el tiempo, unta un extremo con el otro, hasta que la salitre se dispersa en el aire, fumiga ambiciones y de nuevo aparecen esas mismas zapatillas frente a la cama como invitando un camino inexplorado aún. Y ese camino enarbolado es una síntesis de los comienzos que no se animan. ¡Ánimo! Le dijo su amiga en un mensaje de texto. Como se simplifican los sentimientos de ésta manera. La gente se amiga y se pelea, se encuentra, se bloquea por el facebook. Todo pasa por ahí. Se inventan historias, se putean, se etiquetan, se desetiquetan, juegan, parafrasean, son poetas, filósofos; chusmean los momentos felices, ¡cuánta felicidad que hay por todas partes!
Y yo me pregunto ¿Dónde están los solos?
Donde se ha ido la idea de mostrarnos auténticos, míseros, humanos, vulnerables. Sin un puto cigarrillo para fumar.
La historia de ésta mina sigue un par de semanas después. Calculo que habrá encontrado un quiosco abierto, y habrá pasado todo eso que su mente le dictó aquel domingo a las once de la mañana. O capaz que no pasó nada de eso. Le tenemos miedo a la sorpresa, a saber que las cosas no son tan así. Que por ahí existe una segunda cara de la moneda. Que está bien ser cautelosos, calculadores. Pero ¿y si fueramos más nosotros? ¿Qué pasaría si nos propusieramos un par de horas al día, practicar no pensar las consecuencias? ¿Habría más solos?
No tengo ni idea de la respuesta. Amanece ya en mi ventana y hoy por suerte no tengo ni idea de lo que me espera el domingo. Tal vez sea igual al domingo pasado. Quizá no. Nada que ver.
Ahora si estás esperando que ésta historia tenga una moraleja, vas mal. No sé quien dijo que todas las historias deben terminar indefectiblemente de una manera o tal. Puede ser que no haya nada para aprender de los escritores, tenemos esa manía de dejar las cosas así, irresueltas muchas veces. Tal vez la moraleja sea, andá a comprar un atado de puchos si tenés ganas de fumar. Pero no. No lo es.
Sale el sol y me da un calor tibio sobre la espalda, como un masaje suave que no esperaba. Ya ves? Ahí tuve mi primera sorpresa del día. Y si hubiera ido hasta el baño, y me hubiera lavado la cara, puesto las zapatillas, abierto el ascensor, saludado al portero insoportable. Y si hubiera ido hasta el quiosco, seguramente la vieja me hubiera pedido veinticinco centavos de cambio y yo le hubiera respondido que sí, que los tengo. Me hubiera encendido un cigarrillo y así terminaba la historia.
Ella pensó en darse una oportunidad y dejó de lado todas aquellas cosas que le hacían mal. No pensó atarse el pelo, sólo porque no tenía ganas. Y está bien no tener ganas. Está bien ser tal cual somos, tal como queremos nosotros y no como los otros quieran vernos. Fue una tarde popular en sus ojos. Iba y venía dejando su mente suelta por ahí. Fue sola un par de días más. Porque en uno de esos viajes hasta el quiosco se encontró con alguien que había pensado toda la noche anterior.
sábado, 29 de enero de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
domingo, 26 de diciembre de 2010
Que haya una razón siempre ...

Que no duela la tarde de sol sobre la esquina fronteriza del recuerdo como un ciempiés buscando caminos.
Que fingir la noche no esté mal.
Que los nombres se vayan y quede sólo el recuerdo de los que pasan dejando la huella sintética de las poses del alma; y que los ojos cicatricen las horas, los días, los almanaques como un aperitivo.
Que al final de cada día valga la pena haber pasado las esquinas de largo, fiel los hombros de los que soportan un año nuevo.
Que no lastime pensar. Que no hiera querer.
Que entendamos que las personas suelen defraudarnos, y como una didáctica experiencia de la vida necesitaremos superar esto. Y que no nos cueste nada alzar nuestras cosas y volver a empezar.
Que emprender algo nuevo repletos de miedos, tampoco esté mal.
Que habrá oportunidades en las que correr el riesgo será nuestra única alternativa para entender de una vez por todas aquello de que el tren pasa sólo una vez.
Que apreciarnos esté bien. Esto es ponerle un precio a cada cosa que hacemos. Valorarnos aunque tengamos piernas de pollo, o panzas prominentes, o mal aliento a la mañana.
Que no haya ni una sola persona en solitario. Que la gente se mezcle con la gente, y los animales y la naturaleza. Y que no se hagan daño unos con otros.
Que pensar distinto está bien. Que la discusión es necesaria pero mejor es el diálogo. Que haya muchas contradicciones. Las más posibles. Porque en ésta diversidad está el jugo de la vida.
Que bebamos cerveza, un buen vino o un vaso de agua según las circunstancias. Pero que brindemos todo el tiempo, por los amigos, los amores, los éxitos, la paz, el olvido.
Que no haya confusiones ni malos entendidos. Que aprendamos a divertirnos con la palabra y no con el silencio o el rechazo.
Que haya más poetas, más músicos, más pintores hablando de amor. Que las sombras no nos asombren. Que la luz nos pinte la cara hasta los tobillos, y que si algún día tenemos ganas de llorar encontremos las lágrimas y los brazos necesarias para que duela menos (al menos).
Que nos riamos más seguido. Todo lo que sea posible.
Que no nos encuentre vencido el tiempo. Lo único que perece es la leche, el queso crema y el yogurt.
Que llueva de vez en cuando.
Que caigan rayos también.
Que haga calor.
Que nieve.
Que sigamos sintiendo esas ganas enormes de abrazar sin motivo.
Y que aunque sea un laberinto, le encontremos siempre salida a la vida.
Porque parece mentira, pero siempre hay un amanecer distinto esperando alguna razón para dejar de fumar, o llamar a algún amigo perdido, pagar las deudas, escribir ese libro, viajar a ése lugar, escribir una carta, terminar ese proyecto, ir al cine, escuchar un recital, mirar la hora, abrazar, amar, querer, perdonar, dejar pasar, reir, carajear, opinar, estudiar, cantar.
Sea cual sea, que ésa razón dependa sólo de vos…
miércoles, 29 de septiembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
Yo no quería rendirme...

Quedaba al resguardo de las imágenes borrosas una pestaña de tu aliento sincero. La música me traía tu nombre como quien se desagarra del asfalto de a ratos.
Por las dudas asentí con la cabeza los reproches que no eran míos. Tantas excusas nos dio el tiempo....
Y eran también tus brazos el lugar perfecto para los omoplatos acurrucados, las palabras tienen esa costumbre de perderse a lo lejos, allá donde el café cargado nos libera las resacas. Yo no quería rendirme. Insistí.
Eran las tormentas pendulares, los lagos en tu boca, el reparo, el refugio, el banco perfecto y cómodo que nos avisa que ya todo termina. Que falta poco.
Bajaba los brazos como una pendiente, huía como una cuenta pendiente. Brillaba como un pendiente. Todavía en sus silencios la gente le creía.
Yo no quería rendirme.
Muchos dicen esto todo el tiempo. Creemos y descreemos. Nos abrimos el estómago de par en par hasta que salgan por todos lados las tripas. ¿Nadie se da cuenta de las heridas que vamos dejando abiertas por ahí? Preguntó alguien entre la multitud antes de ser colgado.
Alguno podría haber dicho algo. Yo sólo escuché un discurso de excusas que nunca me interesaron, con eso escribí una poesía para cuando volviera a encontrarme. Yo y mi otro.
Y después, cuando volvía de los subtes, cuando dejé de pintar stenciles por amor, cuando las prostitutas se regalaban balcones y pensaban otras teorías mejores para perder el tiempo. Volví hasta mí. Úselo y tírelo, decía un cartel en la frente. Justo debajo de mi cicatriz primera.
Ensayé un lágrima que nunca me salió, y dejé el bastón a una orilla de la puerta de ingreso. Yo no quería rendirme.
Y me cansé de la gente que nos toma como conejillos de indias, que sucumben el egoísmo de los primeros que van siempre delante de nosotros. Y me cansé de caminar esos caminos, de preguntar la hora, de esperar los tonos, de los que mueven las manos cuando hablan para distraernos de sus mentiras. Antes ya me había cansado de siempre lo mismo. Una y otra vez las cosas se repiten circularmente, y los errores ajenos, y las falsas promesas de almíbar, y los ojos transparentes y oscuros.
Yo no quería rendirme. Agarré mis cosas un día y me fui al carajo.
domingo, 25 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
¿Qué es la vida?

Tal vez se sigan queriendo cada uno a su manera. Ponele que cada cual siente el deseo de llamarse, o las ganas de volver, pero no vuelven.
No sé bien si por orgullo, por miedo o porque ya no tenían corazón. Pensá que ambos se habían entregado todo y la promesa de verse viejos y juntos, trascendía las palabras simples que sus ojos lloraban.
No recuerdo bien la historia de éstas dos letras absurdas. Alguien por ahí pensó alguna vez en huir con una valija y robarse esta palabra de todos los idiomas posibles.
Dicen que uno en paz y el otro convencido de la verdad quedaron pensando en sus balcones las veces que el destino los unió.
Pero en realidad nadie sabe que los unía. Quizás ellos tampoco. La historia habla de las madrugadas, de faltas de respeto. de miserias y flaquezas. A veces dar una última confianza es dar más que una oportunidad.
¿Qué es la vida? preguntó en silencio. El otro no supo decirle cómo terminaron así. No tenían ni idea como manejar las cosas. Yo no sé si hubo uno que se jugó y el otro que no. Tal vez, en tiempos distintos, ambos dieron lo mejor sí.
Y coincidieron una sola vez. Aquella noche con la luna pintada de acuarela sobre el mar cuando siguieron caminos distintos en diferentes direcciones.
Lo cierto es que mucho tiempo después ambos se piensan. Nadie sabe por qué. Ellos piensan que es por qué sí.
Uno se fue. El otro se quedó. Claro que amagaron con encontrarse otra vez. La gente dice que el teléfono no funcionó, que uno llegó tarde hasta el andén, que no hubo despedidas. Todos piensan que fue mejor así. Pero no tienen ni idea de esta historia.
Y yo que intento escribirla hoy, como que me falta algo. Ponele que los dos se esperaron pero que ninguno salió a buscar. ¿Qué loco el destino, no? Digo, estas cosas que tiene la gente de complicarse las vueltas.
Ahora que el tiempo ha pasado dicen que viven a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo algunos sostienen que estuvieron más cerca. “Así” de encontrarse, “así de cerca”.
Como que se cruzaron en una calle y ni se vieron. Esa fue la última oportunidad.
No sé como termina ésta historia. A mi me la contaron y no podía creerla. Viste que en cada cuento hay una moraleja. Acá no entendí que se quisieron decir. Capaz que nunca se dijeron nada.
Ponele que la vida les faltó el respeto. Que uno esperaba algo, y el otro quería dar algo pero no sabía qué. El tiempo pasó después de prisa, y casi como que se olvidaron sus nombres. Ya no se llamaban ni siquiera podían pronunciar la primera letra sin que no les doliera pensarse ausentes.
El olvido tiene estas cosas. Dicen que por una esquina no se encontraron. Cada uno dobló la vida y se tomaron un café en bares distintos. Yo creo que algo pasó y no sabemos. Al fin y al cabo Buenos Aires y Barcelonae no están tan lejos. Lo distante son los tiempos, o el deseo de hacer lo que tenían que hacer.
Y algunos afirman que cuando por fin se animaron a buscarse, ya era tarde en serio.
La vida es lo que llevamos adentro respondió por fin uno de ellos, mientras pensaba todas las cosas que podrían haberse hecho antes de perderse la última confianza, el último susurro que ésta leyenda tenía para convertirse en realidad.
La respuesta a la pregunta de la vida llegó así de tarde. No fue olvido, yo lo sé no me pregunten por qué. Pero dicen que hay un lugar donde la gente se encuentra, donde no hay promesas eternas, pero si la voluntad de poder intentarlas.
jueves, 4 de marzo de 2010
CAPITULO FINAL:

OJALA...
Ojala llueva esta noche y haya relámpagos y te abrace el recuerdo de los que siempre estuvimos. Ojala la espera no sea en vano y pueda darte el primer beso de la mañana y el último abrazo antes de dormir; ojala te levantes conmigo para el desayuno y comentemos las noticias y oigamos las paredes quejarse de la música entera. Ojala lloremos con las mismas películas y comamos una picada y nos emborrachemos de proyectos, y de viajes y de constantes ganas de vernos de nuevo. Y sea también el deseo de siempre, y los vidrios transpirados nos humedezcan los dedos para escribir de nuevo una historia.
Ojala encontremos el rumbo por fin de las cosas buenas, mientras los cielos pasan sin que nos toquen y el tiempo sea testigo de mis manos cerca de las tuyas y que tus ojos del color del mar nos inspiren el deseo de cumplir el mismo sueño de siempre, con las ganas estables y el pulso uniforme y la sorpresa de todos los días.
Ojala alcancen los veranos y vos estés ahí donde siempre y yo parado en tus puertos esperándote a diario.
Y ojala me llenes de notas antes de irte a trabajar y sigas siendo mi inspiración y pueda decirte al oído lo que mis pulmones piensan y donde mis pies me llevan y me traen. Ojala coincidamos el camino y las horas, y conciliemos las tardes de descuento, los domingos de fútbol. Ojala las fotos cobren vida y huyan a los lugares cotidianos donde sumamos de a dos, y te encuentre donde solías nadar y cumpla el anhelo del tiempo compartido por fin.
Ojala quepan en tus brazos todos mis párpados y mis pestañas, y tengas el pecho dispuesto y solitario con el hueco justo para mi cabeza. Ojala enderecemos los cuellos mirando hacia delante y las derrotas no sean más que una mueca de las cosas que debimos cambiar. Ojala estemos a tiempo de revolcarnos en la arena, en la ruta y que mi primera vez en un volcán sea de nuevo con vos. Y ojala te des cuenta de lo fácil que resultar sentir y lo complejo que es evitarnos calle a calle, y ojala me preguntes “donde has estado este tiempo” y me extrañes al menos una parte de lo que yo lo hago. Y ojala te responda “he estado siempre aquí” y me veas con las manos abiertas y me digas al oído que ya todo pasó y que afuera está lindo como para salir a tomar unos mates.
Ojala llueva. Y mucho, para que nos lave los ojos y nos moje en cualquier lugar, y vos sepas que yo estoy y yo me quede tranquilo sabiendo que al regreso de cualquier lugar, son siempre tus mismos ojos los que me esperan. Y ojala haya tormenta y relámpagos y rayos para que nos asustemos de los errores y podamos dormir acurrucados uno al otro sabiendo que no nos puede pasar nada si estamos juntos.
Ojala escriba con vos el refugio de los dos, y tomemos el próximo vuelo hacia donde la vida quiera llevarnos...
domingo, 14 de febrero de 2010
Carta a un enamorado...

miércoles, 20 de enero de 2010
Te invitamos a leer nuestra Blog Novela
lunes, 11 de enero de 2010
Aquellos bancos que esperan....
Gigante el esmero de los que somos solos y no nos quejamos. Hoy por ejemplo hubiera tenido ganas de un rato con vos. No importa a qué lugares visito, no importa la imaginación de los torsos, de las retinas rojas, de los párpados pensantes. Es la espera cotidiana, el tango sonámbulo, las tardanzas miopes. Saber que uno ha dado todo lo posible hasta el desvalor, la ingratitud de las madrugadas que llegan perros, e igual estamos ahí, como sumergidos en un banco cualquiera. Todas las esperas nos llevan al imaginario popular de algo perfecto, desde su imperfección. Prometo y me prometo, dejar de lado los muelles como estos, los puertos y sus bahías, las barcas tranquilas como estatuas que prefieren aquello mejor que debe llegar.
¿Te habías dado cuenta que ya no te escribo, no?
Es la espera verde, la grieta fucsia, los olores añejos que son más viejos que antes, más bien una simple teoría, el recuerdo simple, la historia pasada, pensada. A veces los solitarios somos intransigentes humanos, permitirnos la sola idea de la soledad es como un permiso o una licencia que nos debemos. Empezamos a valorarnos desde un rincón del mundo, con todas las promesas posibles que ya no creemos. Y en creer está la esencia de todo. Desde los comienzos la solución de la vida fue simple: decir lo que sentimos, no guardarnos nada, llevarnos el mundo por delante con todas sus consecuencias. No existe un día pendiente, no existen los bares para luego, ni la promesa de volvernos a ver. Hay cosas que pasan hoy, que son y existen desde el mismo momento en que nos planteamos que la duda ya no es una posibilidad.
Sino que es la espera transeúnte de aquellos que amagan y no. Son también parte de las partidas, de las vueltas de hoja, de los sinceramientos luciérnagos, de las manos abiertas de par en par como quien espera un abrazo al regreso del trabajo. Es un beso suave en la mejilla, diagramar los viajes por esos lugares menos pensados, las espaldas anochecidas, y la idea sincera de ser eternamente esperados por alguien. ¿Está bien que los nombres cambien de color como los semáforos?
Sentimos el paso de los días como peatonales, como la costanera vista desde una ventana prestada, desde ahí se puede ver el mar y otras cosas. Desde la espera uno espera. Revive y vive como si ambas cosas fueran la misma. Como si diera lo mismo. Como si no alcanzaran todas las palabras posibles ya dichas y escritas, como si fueran historias inventadas, como relámpagos que no adviertes; la espera es mucho más sencilla todavía. La vida es mucho más sencilla.
Uno espera la sorpresa también, espera cuando ya ha dado todo. Cuando los bancos se amontonan en filas pendientes como horóscopos, como lunas menguantes que patrocinan una noche mágica. ¿No es justo acaso que los solos deseemos tener una noche así?
Los solos esperamos llenar las mitades, unir las distancias con ojos generosos, con estos gestos también que promocionan que algo mejor siempre está por venir. ¿Por qué la gente tiene la idea de que somos nosotros que debemos emprender esas búsquedas? ¿Por qué no pensamos mejor que alguien nos espera? ¿Por qué no pensamos todavía que esos bancos violáceos llevan nuestros nombres?Yo hoy por hoy me ubico en este lugar. Y busco sin dar vuelta hacia atrás. Hoy por ejemplo podré dormir en paz conmigo mismo. Y mañana y pasado. Y los días que vienen. Amaré como si fuera la última vez que ame, y daré todo siempre que así lo sienta. Porque ahora me toca esperar, porque ahora me toca a mí buscar a alguien que sienta que la vida vale la pena, y que quizá ésta sea la única posibilidad que tenemos para ser feliz. Aunque esa espera me lleve toda la vida, y aunque toda la vida me quede esperando...
