Yo Soy solo (R), un espacio para los solos. Todos los textos de este blog se encuentran Registrados y los Derechos reservados. El libro de Yo soy solo (R) se encuentran en proceso de edición y los derechos pertenecen al autor. Aquellos que deseen editarlo deberán comunicarse con el Autor.
viernes, 5 de octubre de 2012
"EL BUEN SOLO BIEN SE LAME" DICE EL DICHO...
lunes, 1 de octubre de 2012
APRENDER A DECIR QUE NO...
viernes, 7 de septiembre de 2012
ANALICEMOS LA SOLEDAD
Entonces me pregunto que sería de los solos si la soledad no se hubiese inventado? Que pasaría con los poetas? O los pintores o los músicos. Me pregunto si no es acaso la mejor excusa que tenemos los artistas que justificar escribir con dolor, haciendo hincapié en el dolor como una forma necesario de victimizarnos frente al mundo. Pues les tengo una mala noticia, la soledad es real y palpable. Pese a que en muchos universidades las estadísticas indiquen que la mayor parte de los solos es por elección, este síndrome epidémico (endémico diría) va creciendo su número de aficionados o adeptos por diferentes causas que hagan que hoy, te encuentres leyendo este artículo, enterándote que sos solo desde hace mucho tiempo antes de lo que vos esperabas. Y hablo de la soledad del principio y de los finales, la soledad muerta, la soledad vieja y joven. La soledad despotricada, la soledad anhelada. Digo esto ya que hasta el más pesimista de los solteros necesita su momento solo, y no podrá negarme que muchas veces ha disfrutando esa soledad hasta que se le caigan las babas de placer.
Por eso, en esto de tratar de entender las soledades, no podemos definirnos de uno u otro lado. Los psicólogos dirían que tenemos un trastorno compulsivo hacia tal o cual cosa. Pero en realidad, la psicología tampoco podrá explicar el origen o mismo el significado de la soledad, muchos menos podrá explicar las razones, al menos no una razón lógica que nos haga interpretarnos vacíos frente a un mundo cada vez más comunicacional y menos presencial.
martes, 4 de septiembre de 2012
ME MOLESTA LA GENTE QUE SE BESUQUEA EN PUBLICO
domingo, 26 de agosto de 2012
Imaginate...
miércoles, 20 de junio de 2012
Sobre la gente que espera o busca...
martes, 19 de junio de 2012
lunes, 27 de febrero de 2012
Puede ser...

Puede ser que el tiempo que nos dé la razón con algo de paciencia. Por mi parte he sabido replantearme las excusas de antes, los errores de después. He mantenido los relojes como cumbres intactas, como nieve que uno suspira en el aire y que luego de unos minutos se torna agua en las manos. Puede ser que haya llorado hasta romperme; y también he visto amanecer desde mi ventana solo, sin el minúsculo sonido de las paredes que nombran un solo nombre.
Puede ser que haya caído hondo y que encontrar la armonía dentro de mí resultó más difícil de lo que esperaba. A veces cuesta cerrar una puerta, sin que las ventanas se asomen exagerando lo que ha pasado; a esto me refiero cuando hondamos un dolor que apenas nos ensombrece. Puede ser que haya sido cierto todo, y hoy podría asegurar que cada lágrima estaba bien merecida. Bien puesta ahí, en mi cara.
Puede ser sincera, la noche sonámbula, y el mar pleno, y las voces calladas. Pero no he visto aún otra luna que me llene desde los pies hasta la nuca. Por eso perdono y me perdono. Por éstas cosas que te cuento, puede ser que sufra aún un poco, puede ser que en noches terriblemente opacas la poesía en mis manos parezca más triste. Pero al fin y al cabo esto es la vida. Y por una cosa u otra, la paz me va inundando lo cotidiano. En oraciones cortas me despido poco a poco, como un suspiro que se retiene o no me deja ir. Igual acá sigo estando, firme y consecuente con mis predicciones, soñando lo que otras personas ni siquiera imaginan. Es que mi mente resulta ser un laberinto complejo y simple; extraño resumen de la dualidad humana.
He vivido sin vueltas y sin culpas. No he experimentado aún el arrepentimiento y a ésta altura existen pocas cosas, muy pocas cosas por las cuales sienta miedo. Puede ser que no padezca el temor ya. Estuve situado al límite de los horizontes, como alejado y meditando. Sé que los riesgos son necesarios, casi imprescindibles en el día a día. Y si algún día tuviera que despedirme de todas las cosas, elegiría un solo aroma para llevarme: el del mar convidándome medialunas y la arena mojada como alfombra.
Puede ser que a ésta altura ya no estén en mis manos muchas decisiones, igual elijo los caminos y me equivoco y me caigo y lo vuelvo a intentar. Me paro de cara al cielo y veo las formas de las nubes que tienen muchos rostros que reconozco. A la distancia todavía el perfume sabe a espera. No puedo distinguir bien desde mi ventana aún esa lluvia que me moja la espalda, salpicando una gota de ese mar que nos une y separa. A un costado, el cigarrillo todavía encendido me nubla apenas este silencio tremendo. Sé que llegará por estos lados ese aire de cambios que ruego, de oportunidades, de volver a empezar. Vos sabés bien que últimamente he empezado a perder peso, sólo porque me despojo de esas cosas tácitas que no me llevan a ninguna parte.
Y puede ser que a vos te quede todo lo otro. De lo que huyo y escapo. Fijate que la culpa no me invade, que no debo perdones, que ya no pido favores. El amor de prestado nunca me gustó. No hay grises más que en tu boca, no hay pestañas más que en mi almohada. Esta vez ya no espero. La espera será de otros pero no mía. Y eso también me da paz. Puedo jugar con las horas buscando la luz, divertirme con mis viajes, saber que he perdido un par de manos de truco, pero nada más. La gente pierde todo el tiempo, y cuando pensé que había perdido, encuentro las cosas olvidadas, aquellas que siempre estuvieron mal colocadas. Puede ser que no entiendas nada, y que prefieras la quietud, a buscar los puertos. Yo he emprendido un camino ya, capaz que no me lleva a ninguna parte, pero es mejor que quedarme parado.
Tal vez algún por esas casualidades del destino, digas lo que no dijiste, hagas lo que no hiciste, llores lo que no lloraste. En este sentido, gano yo. He pasado por las dudas, y transité con ganas el inicio de todo. Tal vez este momento sea un comienzo y no una despedida. Por fin lo digo.
sábado, 18 de febrero de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
domingo, 2 de octubre de 2011
martes, 27 de septiembre de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
domingo, 17 de julio de 2011
ELLA ERA SOLA

Le dio mucha bronca saber que ése era el último cigarrillo que le quedaba. Tenía que bajar, abrir el ascensor, saludar al portero que no soporta, encontrar un quiosco abierto, pero primero debía cambiarse, ponerse las zapatillas, cerrar la compu, buscar las llaves, encerrar al perro en el baño, bajar la calefacción, buscar las monedas para el cambio, atarse el pelo, lavarse la cara, acomodar las sábanas, levantarse, juntar ganas. No hizo nada de eso.
Tenía las esperanzas fatigadas, la mente abstracta, paranoide. El día anterior había pensado lo mismo, atravesando la idéntica rutina que repasaba mentalmente.
Era más fácil dejar de fumar. Pero ese último cigarrillo le inspiraba otro final más. Así se terminan y empiezan las cosas. Había una vez… Y el secreto de su soledad empezó por un pucho.
La gente se separa todo el tiempo, unta un extremo con el otro, hasta que la salitre se dispersa en el aire, fumiga ambiciones y de nuevo aparecen esas mismas zapatillas frente a la cama como invitando un camino inexplorado aún. Y ese camino enarbolado es una síntesis de los comienzos que no se animan. ¡Ánimo! Le dijo su amiga en un mensaje de texto. Como se simplifican los sentimientos de ésta manera. La gente se amiga y se pelea, se encuentra, se bloquea por el facebook. Todo pasa por ahí. Se inventan historias, se putean, se etiquetan, se desetiquetan, juegan, parafrasean, son poetas, filósofos; chusmean los momentos felices, ¡cuánta felicidad que hay por todas partes!
Y yo me pregunto ¿Dónde están los solos?
Donde se ha ido la idea de mostrarnos auténticos, míseros, humanos, vulnerables. Sin un puto cigarrillo para fumar.
La historia de ésta mina sigue un par de semanas después. Calculo que habrá encontrado un quiosco abierto, y habrá pasado todo eso que su mente le dictó aquel domingo a las once de la mañana. O capaz que no pasó nada de eso. Le tenemos miedo a la sorpresa, a saber que las cosas no son tan así. Que por ahí existe una segunda cara de la moneda. Que está bien ser cautelosos, calculadores. Pero ¿y si fueramos más nosotros? ¿Qué pasaría si nos propusieramos un par de horas al día, practicar no pensar las consecuencias? ¿Habría más solos?
No tengo ni idea de la respuesta. Amanece ya en mi ventana y hoy por suerte no tengo ni idea de lo que me espera el domingo. Tal vez sea igual al domingo pasado. Quizá no. Nada que ver.
Ahora si estás esperando que ésta historia tenga una moraleja, vas mal. No sé quien dijo que todas las historias deben terminar indefectiblemente de una manera o tal. Puede ser que no haya nada para aprender de los escritores, tenemos esa manía de dejar las cosas así, irresueltas muchas veces. Tal vez la moraleja sea, andá a comprar un atado de puchos si tenés ganas de fumar. Pero no. No lo es.
Sale el sol y me da un calor tibio sobre la espalda, como un masaje suave que no esperaba. Ya ves? Ahí tuve mi primera sorpresa del día. Y si hubiera ido hasta el baño, y me hubiera lavado la cara, puesto las zapatillas, abierto el ascensor, saludado al portero insoportable. Y si hubiera ido hasta el quiosco, seguramente la vieja me hubiera pedido veinticinco centavos de cambio y yo le hubiera respondido que sí, que los tengo. Me hubiera encendido un cigarrillo y así terminaba la historia.
Ella pensó en darse una oportunidad y dejó de lado todas aquellas cosas que le hacían mal. No pensó atarse el pelo, sólo porque no tenía ganas. Y está bien no tener ganas. Está bien ser tal cual somos, tal como queremos nosotros y no como los otros quieran vernos. Fue una tarde popular en sus ojos. Iba y venía dejando su mente suelta por ahí. Fue sola un par de días más. Porque en uno de esos viajes hasta el quiosco se encontró con alguien que había pensado toda la noche anterior.
sábado, 29 de enero de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
domingo, 26 de diciembre de 2010
Que haya una razón siempre ...

Que no duela la tarde de sol sobre la esquina fronteriza del recuerdo como un ciempiés buscando caminos.
Que fingir la noche no esté mal.
Que los nombres se vayan y quede sólo el recuerdo de los que pasan dejando la huella sintética de las poses del alma; y que los ojos cicatricen las horas, los días, los almanaques como un aperitivo.
Que al final de cada día valga la pena haber pasado las esquinas de largo, fiel los hombros de los que soportan un año nuevo.
Que no lastime pensar. Que no hiera querer.
Que entendamos que las personas suelen defraudarnos, y como una didáctica experiencia de la vida necesitaremos superar esto. Y que no nos cueste nada alzar nuestras cosas y volver a empezar.
Que emprender algo nuevo repletos de miedos, tampoco esté mal.
Que habrá oportunidades en las que correr el riesgo será nuestra única alternativa para entender de una vez por todas aquello de que el tren pasa sólo una vez.
Que apreciarnos esté bien. Esto es ponerle un precio a cada cosa que hacemos. Valorarnos aunque tengamos piernas de pollo, o panzas prominentes, o mal aliento a la mañana.
Que no haya ni una sola persona en solitario. Que la gente se mezcle con la gente, y los animales y la naturaleza. Y que no se hagan daño unos con otros.
Que pensar distinto está bien. Que la discusión es necesaria pero mejor es el diálogo. Que haya muchas contradicciones. Las más posibles. Porque en ésta diversidad está el jugo de la vida.
Que bebamos cerveza, un buen vino o un vaso de agua según las circunstancias. Pero que brindemos todo el tiempo, por los amigos, los amores, los éxitos, la paz, el olvido.
Que no haya confusiones ni malos entendidos. Que aprendamos a divertirnos con la palabra y no con el silencio o el rechazo.
Que haya más poetas, más músicos, más pintores hablando de amor. Que las sombras no nos asombren. Que la luz nos pinte la cara hasta los tobillos, y que si algún día tenemos ganas de llorar encontremos las lágrimas y los brazos necesarias para que duela menos (al menos).
Que nos riamos más seguido. Todo lo que sea posible.
Que no nos encuentre vencido el tiempo. Lo único que perece es la leche, el queso crema y el yogurt.
Que llueva de vez en cuando.
Que caigan rayos también.
Que haga calor.
Que nieve.
Que sigamos sintiendo esas ganas enormes de abrazar sin motivo.
Y que aunque sea un laberinto, le encontremos siempre salida a la vida.
Porque parece mentira, pero siempre hay un amanecer distinto esperando alguna razón para dejar de fumar, o llamar a algún amigo perdido, pagar las deudas, escribir ese libro, viajar a ése lugar, escribir una carta, terminar ese proyecto, ir al cine, escuchar un recital, mirar la hora, abrazar, amar, querer, perdonar, dejar pasar, reir, carajear, opinar, estudiar, cantar.
Sea cual sea, que ésa razón dependa sólo de vos…





